Franciscanos de Santiago

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Fr. Luis Fernández Espinosa. 100 años que llegó a Pontevedra

Enero 14, 2009 · Comentarios desactivados

claustro del convento de San Francisco

claustro del convento de San Francisco

Hijo de unos tenderos de Madrid, el joven Luis María Fernández Espinosa hizo el petate y marchó a Santiago de Compostela con su tío, Eugenio Fernández Arpón, que era allí canónico tesorero de la Catedral. Los dos paseaban una tarde por las calles de la ciudad cuando el tío se paró a saludar a unos frailes. Mientras charlaban, el crío mantuvo la mirada fija en las sandalias de los religiosos, y al reemprender la marcha selló su destino: «Yo quiero ser como ésos».

A menudo son los caprichos juveniles los que escriben la Historia y otras veces, la inercia de un tiempo. La leyenda dice que San Francisco de Asís, en su periplo a la tumba del Apóstol a Santiago, fundó el convento pontevedrés a principios del siglo XIII. Cobijo de frailes pertenecientes a su Orden, la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX despojó a los franciscanos de su templo, que pasó a manos del Ayuntamiento. El 15 de enero de 1909, los franciscanos ocuparon una parte de su vieja casa. Entre ellos, el Padre Luis, una figura clave en la primera mitad del siglo XX en Pontevedra.

«Teníamos las posesiones desde 1235. Y la vuelta en el año 1909 fue muy ardua tarea. A la llegada a Pontevedra, los seis frailes tuvimos que instalarnos en una vieja casa que ocupa el Gran Garaje de la calle Benito Corbal», comentaba el religioso al abogado Celestino Iglesias Dapena, que le entrevistó para Diario de Pontevedra en 1959. El procurador eclesiástico Javier Vieira cedió la posesión hace hoy cien años. El Padre Luis recordaba diez años antes de su muerte, en 1960, «una labor de titanes». «Con una pequeña campanilla de mano tocábamos la misa. Eran entonces párrocos de la ciudad los señores Montes y Salgueiros, y coadjutores don Benito Abrey y don José Portela. Las misas se cobraban por aquel entonces a seis reales, y cubrían gastos. Poco a poco la gente fue acudiendo a la iglesia, que estaba destartalada».

Si la llegada fue ardua, en palabras del religioso, no lo fue tanto la integración de los franciscanos. Pronto el Padre Luis se convirtió en uno de los ejes de la fructífera sociedad pontevedresa de la época. «Fue un gran amigo de Augusto González Besada y de Bugallal, y desarrolló una extraordinaria labor social, cultural y religiosa», cuenta Celestino Iglesias. El letrado esgrime en su despacho de García Camba correspondencia del franciscano, en el que revela las vicisitudes respecto al convento. El templo fue arrendado por 25 años a un precio anual de 250 pesetas. Y en 1930 relata en una carta la cesión de propiedad del convento por Real Orden gracias a la intervención del director general de la Propiedad, Antonio Lara Mesa, y dos ministros de fuste: José Calvo Sotelo y Julio Das. Ello, pese a la «mala voluntad» del arzobispo, el Padre Zacarías, «que no se entendía con los provinciales por el mal avenido pleito de Herbón».

Musicólogo

Pero si por algo hizo fama Padre Luis en Pontevedra fue por la música. Era una eminencia en ese campo, fue director de la Orquesta de Cámara y Prudencio Landín, en la biblia pontevedresa que es De mi viejo carné, recuerda los «nuevos y ruidosos» éxitos a los que la condujo. «Memorables son los de Orense, Lugo, Santiago, Vigo, Tuy y otras ciudades gallegas, así como los de la Escuela Naval de Marín», escribe Landín. «Enumerar mis  obras sería incontable», reconocía el Padre Luis.

La ciudad brindó un homenaje al religioso al cumplirse cincuenta años de su llegada y los franciscanos a la ciudad. En aquellas fechas confesó a un amigo con gesto de pesadumbre: «De esto yo no quiero aparecer en nada, y te voy a decir una cosa que no he dicho a nadie: he predicado muchas veces aquí en novenas y misas, pero antes de subir al púlpito no he podido reprimir la angustia y la vergüenza me vencía».

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* Fr. Martín Carbajo Núñez, vicedecano de la Facultad de Teología del Antonianum

Octubre 19, 2008 · Comentarios desactivados

Imagen del Documento de Nombramiento
Imagen del Documento de Nombramiento
Fr. Martín, actual Vicedecano de la Facultad de Teología del Antonianum, ha sido reelegido en dicho cargo por un nuevo trienio, con fecha 15 de octubre de 2008.
El día anterior había sido nombrado Presidente del ISR (Istituto di Scienze Religiose), por unanimidad de los 20 miembros electores.
Desde la Provincia de Santiago felicitamos a Martín por estos nombramientos y por la confianza que desde todos los ámbitos de la Orden están depositando en él. Y esperamos que estas responsabilidades le permitan continuar con su trabajo de investigación.
ofm Santiago

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* Intervención en el Sínodo de Fr. JOSÉ RODRÍGUEZ CARBALLO

Octubre 12, 2008 · Comentarios desactivados

INTERVENCIÓN EN EL SÍNODO DE LOS OBISPOS 2008

LA PALABRA DE DIOS Y LA VIDA CONSAGRADA

(Cf. Instrumentum lavoris n. 52)

José Rodríguez Carballo. Mtro General OFM

  

            La vida consagrada, en sus diversas manifestaciones, hunde sus raíces más profundas en la Palabra de Dios y, más concretamente, en el Evangelio, regla y vida de todos aquellos y aquellas que, por inspiración divina, desean seguir más de cerca las huellas de Jesucristo obediente, sin nada propio y casto. La Palabra de Dios es fuente de vida consagrada. La Palabra de Dios llama al seguimiento de Cristo, consagra a los llamados y los envía a la misión.

 

            Quien desee comprender y celebrar la gracia de los orígenes de la vida consagrada no puede prescindir del Evangelio, especialmente de los textos más radicales. Unas veces serán unos textos los que están a la base de un determinado carisma, otras veces otros, pero es siempre la escucha atenta del Evangelio y la voluntad firme de ponerlo en práctica inmediatamente lo que da origen a una determinada experiencia carismática. Esta es la experiencia que encontramos en san Francisco de Asís. El Poverello, hace ahora 800 años, después de escuchar el discurso misionero en la Porciúncula (cf. Mt 10, 1-15), exclama: “Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica”. Y, en palabras de su biógrafo, “rebosando de alegría se apresura inmediatamente a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar” (1Cel 22).

 

            La Palabra de Dios es vida, y el texto se comprende en su profundidad sólo en la medida en que se vive y pone en práctica. En la tradición rabínica, como en la tradición bíblica del Antiguo y del Nuevo Testamento, el observar o poner por obra la Palabra es elevado al nivel de categoría hermenéutica. Tanto el estudio de la Palabra, como la predicación de la misma si quedan al margen de la vida serán algo incompleto. Es más, una escucha de la Palabra o el estudio de la misma, si no se encarnan en la vida de cada día se transforman en fuente de maldición, son “letra que mata” (cf. San Francisco, Admonición 7). A la escucha y al saber ha de seguir el buen obrar. Así lo entendió Moisés cuando responde en nombre de pueblo de Israel: “Nosotros haremos y escucharemos, responde Moisés a Dios” (cf. Ex 19, 8). Así lo enseñó Jesús cuando subraya que la vida debe preceder a la enseñanza de la Escritura (cf. Mt 5, 19), y que construyen sobre roca sólo quienes escuchan y viven la Palabra (cf. Mt 7, 24-26). Sólo ellos serán bienaventurados. “Bienaventurado el que cumple las palabras de la profecía de este libro”, leemos en el libro del Apocalipsis (Ap 22, 7). Este mismo principio hermenéutico será seguido por el  cantor del Cristo cósmico, el Beato Juan Duns Scoto.

 

            Todos los Fundadores/as han sido vigías de la Palabra, oyentes incansables de la Palabra, y han hecho de sus vidas una respuesta pronta y profética a la Palabra. Siguiendo el ejemplo de los Fundadores/as, los consagrados, como todos los demás creyentes, no podemos separar escucha, estudio y predicación de la Palabra, del ponerla en práctica. La Palabra va escuchada atentamente, estudiada con asiduidad, predicada a tiempo y a destiempo, pero sobre todo la Palabra va vivida, o como se expresan algunos Santos Padres: la Palabra va “hecha”, desembocando en la diakonia (cf. IL 39). Sólo así la Palabra será realmente la primera fuente de espiritualidad cristiana y religiosa (cf. VC 94). Sólo así, cristianos y  consagrados, encontraremos en la Palabra de Dios, y particularmente en el Evangelio, la Palabra que interpela, orienta y modela la existencia. La vida cristiana, pero particularmente la vida consagrada, necesitan mirarse en la Palabra pues sólo así ganarán en significatividad, y caminarán, con lucidez y audacia, con los ojos puestos en el futuro (cf. VC 110). Llamados a ser no sólo memoria del pasado sino también, y sobre todo, profecía de futuro (cf. NMI 3), viviendo el presente con pasión (cf. NMI 1), los consagrados encontrarán en la Palabra de Dios una “brújula que indica el camino a seguir” (Benedicto XVI). Llamados a “nacer de nuevo” (Jn 3, 3), esto sólo será posible a través de una escucha de la Palabra que haga arder nuestro corazón (cf. Lc 24, 32). Mendicantes de sentido, llamados a recorrer un largo éxodo de búsqueda en compañía de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, hemos de hacerlo de la mano de la Palabra, pues sólo así, la vida consagrada será propuesta alternativa y de frontera, como lo ha sido la vida de nuestros Fundadores/as. Nuestro futuro, como el futuro de la vida cristiana, está en dejarnos hacer , en dejarnos modelar por la Palabra.

 

            A Dios gracias, cada vez son más los consagrados, junto con tantos creyentes, los que encuentran “deleite y alegría en las santísimas palabras [...] y con ellas mueven a los hombres al amor de Dios, con gozo y alegría” (San Francisco, Admonición 20). Cada vez son más entre nosotros los que, siguiendo el ejemplo de los Cristianos de Berea, escudriñan constantemente las Escrituras (cf. Hech 17, 11), esforzándose por obedecer en todo la voz del Hijo de Dios (cf. San Francisco, CtaO 6). La lectura orante de la Palabra que ha acompañado a la Iglesia y, particularmente a la Vida Consagrada, en su historia (cf. IL 38), está tomando cada vez más fuerza en los consagrados, pues son cada vez más lo que están descubriendo la Palabra de Dios como un elemento indispensable para el encuentro personal con Cristo, y, como consecuencia, para el crecimiento de la fe de cuantos nos decimos discípulos y misioneros del Verbo del Padre, y la adquisición del “sublime conocimiento de Jesucristo” (Filp 3, 8). De todos modos los consagrados, así como la Iglesia entera, estamos llamados a seguir abriendo, con renovado compromiso, espacios personales y comunitarios a la Palabra, a hacer de la Palabra alimento en nuestras vidas, viático en nuestro caminar, estímulo primario para la conversión, fuerza para la misión, guía para un recto discernimiento sapiencial de la realidad que estamos viviendo y de las opciones de futuro que estamos llamados a tomar.

 

Por otra parte, puesto que “los fieles han de tener fácil acceso a la Sagrada Escritura” (DV 22), la vida consagrada está llamada a  promover “escuelas de oración, de espiritualidad y de lectura orante de las Escrituras” (IL 52), y, al mismo tiempo, ha de colaborar en primera línea en la traducción de la Biblia en las distintas lenguas. Será una gran aportación a la evangelización, razón de ser de la Iglesia. Así lo entendió el Siervo de Dios, Fr. Gabriele Maria Alegra, OFM, considerado como el “san Jerónimo de China”, quien realizó la primera traducción completa de la Sagrada Escritura al chino, movido, como él mismo confiesa, por la pasión de posibilitar al pueblo chino la comprensión en su propia lengua de la Sagrada Escritura, “la carta que Dios escribió a su pueblo”.

 

Que este Sínodo, de la mano de María, Madre y Sierva de la Palabra, “virgen hecha iglesia” (San Francisco, SBVM) ayude al pueblo de Dios a descubrir la belleza de la Palabra, de tal modo que, custodiándola en su corazón, sea su gozo y alegría.

 

 

Fr. José Rodríguez Carballo, ofm

Ministro general OFM

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Premio a frate Francisco Javier Castro Miramontes

Octubre 8, 2008 · Comentarios desactivados

Copiamos noticia de la prensa de Rieti sobre la visita de Fray Paco Castro, Guardián del convento franciscano de Santiago, para dar su testimonio sobre la experiencia de acogida de peregrinos en el Camino de Santiago

Il padre guardiano del convento di S. Francesco a Santiago di Compostela.

Con queste parole il presidente della Camera di Commercio di Rieti, Vincenzo Regnini, ha consegnato giovedì scorso all’Auditorium Varrone una stampa in argento raffigurante la statua di San Francesco presente davanti alla Cattedrale di Rieti a Frate Francisco Juan Castro Miramontes, Padre guardiano del Convento di San Francesco a Santiago de Compostela intervenuto in occasione della manifestazione “I giorni di Francesco” promossa dal Comune di Rieti. Particolarmente apprezzato l’intervento del frate spagnolo, che è stato accompagnato musicalmente in un suggestivo percorso spirituale da Raffaello Simeoni.

Con queste parole il presidente della Camera di Commercio di Rieti, Vincenzo Regnini, ha consegnato giovedì scorso all’Auditorium Varrone una stampa in argento raffigurante la statua di San Francesco presente davanti alla Cattedrale di Rieti a Frate Francisco Juan Castro Miramontes, Padre guardiano del Convento di San Francesco a Santiago de Compostela intervenuto in occasione della manifestazione “I giorni di Francesco” promossa dal Comune di Rieti. Particolarmente apprezzato l’intervento del frate spagnolo, che è stato accompagnato musicalmente in un suggestivo percorso spirituale da Raffaello Simeoni.

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