Monseñor Agrelo: “Aquí la convivencia es buena”
El arzobispo de Tánger, rianxeiro de origen, asegura que su trabajo es “gratificante” y “marcadamente social” ·· Los franciscanos de Santiago llevan allí desde mediado el siglo XIX
Monseñor Antonio Peteiro, el franciscano que hasta hace sólo unos años era el arzobispo de la diócesis norteafricana de Tánger, en Marruecos, personaje muy querido en Santiago, reside ahora en la casa que los franciscanos tienen en Noia, tras renunciar al arzobispado por motivos de salud.
Siguiendo una larga tradición, que establece que los arzobispos de Tánger han de proceder de la provincia franciscana de Santiago de Compostela, ahora el titular de la diócesis del vecino país es monseñor Santiago Agrelo, un gallego de Rianxo, todo afabilidad en su trato, cercano y nada protocolario. Estilo franciscano, sin duda.
“Cuando uno llega aquí”, comenta con nostálgica ironía, “uno se olvida de dónde viene: te encuentras con una iglesia peculiar en la que todos son extranjeros. Nuestros cristianos son todos extranjeros, estudiantes, inmigrantes, trabajadores. Incluso el clero es todo de afuera”, afirma monseñor Agrelo. Fray Santiago lleva año y medio en Tánger, en una sociedad y una cultura bien distinta -y no sólo por la religión islámica-, de las tierras gallegas o del Bierzo en las que trabajaba antes el obispo franciscano.
“Nuestra tarea es marcadamente social y damos servicio a minorías con necesidades muy peculiares, desde niños con síndrome de Down, a discapacitados profundos, pasando por sordomudos; pero también trabajamos en la formación de mujeres, para que puedan trabajar y llevar a la casa un sueldo más”, explica el arzobispo franciscano. Con ese optimismo que caracteriza a los seguidores del ‘poverello’ de Asis, monseñor Agrelo confiesa que “este trabajo es una alegría porque tocas con la mano a todas aquellas personas que lo necesitan”, aunque no oculta su preocupación por “la edad que tenemos los que estamos aquí”.
En la archidiócesis de Tánger hay 10 sacerdotes y 100 religiosos. La presencia de los franciscanos en la ciudad marroquí se remonta a mediados del siglo XIX. “Aquí la convivencia es buena, tanto con las autoridades como con la gente normal”, explica el prelado, quien todavía se pelea con la variante dialectal árabe que se habla en Marruecos, pese a que “nuestra lengua base es el español”.
Pero harían falta más personas. “Busco curas por todas las diócesis españolas, porque los franciscanos ya no somos suficientes”, afirma monseñor Agrelo.
